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En la Europa del Renacimiento, en medio de la belleza floreciente del arte, hace su aparición un enigmático criminal. Se desliza como una sombra por las ciudades, tomando como victimas a indefensas doncellas. Pareciera estar viendo, en cada una de ellas, el rostro que lo obsesiona desde su más tierna infancia… Ése es el argumento de El vendedor de indulgencias, de Mario Said Silvera, pero estamos convencidos de que, tras leerlo, tienes ganas de más. ¿A que sí?

Por eso le hemos pedido a su autor que nos cuente algunas curiosidades relacionadas con el proceso de concepción de dicha obra. Te recomendamos que las leas. ¡No tienen desperdicio!

El vendedor de indulgencias Mario Said Silvera“Viajar quinientos años hacia atrás en el tiempo siempre resulta una experiencia muy gratificante. El vendedor de indulgencias me ha permitido hundirme en el corazón mismo del renacimiento, con las dificultades que esto implica. Todo esto para darle color a una persecución policial como cualquier otra.

Los asesinos en serie han existido desde siempre; los policías, también. El asesino de mi novela no sabe por qué mata, pero rodea esta ignorancia con un halo de misticismo. El policía encargado de apresarlo, en cambio, es un simple fanático de la justicia. Tal es así, que exagera su cometido, persiguiendo durante seis meses a su enemigo por medio Europa.

Pero esta acción no solo se limita a exponer una trama, sino que también sirve como excusa para expresar las ambivalencias de una época: la del Renacimiento. Se trata, como es harto sabido, de un escenario signado por las paradojas. Por un lado, la delicadeza de un arte excelso; la inocencia del hombre común adhiriendo a una fe que no conoce fronteras. Por el otro, la corrupción de los poderosos, encarnada por políticos y altos dignatarios de la Iglesia; la naturalización del pecado detrás de bambalinas.

Este libro ha puesto a prueba mi honestidad religiosa. Me ha sido dificultoso exponer, desde el atalaya de mi ateísmo, las bondades de una fe en la que no creo. También me fue  difícil  ponerme en la piel de un creyente que está más allá de todas las miserias humanas”.

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