Etiquetas

, , , ,

Una novela de indispensable y obligada lectura. Enrique Garrido nos presenta Playa, paella, paseo y priva, micronovelas en las que demuestra que, detrás de la Fiesta, las Tetas y las Copas, hay vida racional en la Costa. Y le hemos pedido que nos explique el génesis de su obra en nuestras Curiosidades Lacre. Y ha cumplido con creces. Por eso te pedimos que sigas leyendo. Merece la pena.

Así que, nadie mejor que el propio Enrique Garrido para explicarte el génesis de su obra Playa, paella, paseo y priva. No tiene desperdicio:

“Tras parirme, a mi madre le vinieron las contracciones para expulsar la placenta y demás parafernalia biológica. Entre la masa sanguinolenta se hallaba un extraño objeto rectangular. Mi madre, primeriza y curiosa, le dijo a la comadrona: “Es un libro, hay fetos que se aburren y…”

En fin, que me recuerdo de siempre con cuento, tebeo, comic o libro en las manos. Y al cumplir los 45, fecha emblemática por equidistar entre los 40 –final de la Juventud– y los 50 –inicio de la decrepitud y de la vejez–, me asaltó con fuerza inusitada el deseo de pasarme al Lado Oscuro de las Letras y perpetrar la escritura de un libro de ficción. Desde la adolescencia había escrito poemas y relatillos de cachondeo referentes a la peripecia vital del momento, que luego pasaba a amigos, familiares y compañeros de trabajo para que se rieran un rato, lo que no siempre conseguía. Ahora, maduro, equilibrado y en plenitud, aspiraba a más: a una narración extensa, estilosa y compleja… Pero no se me ocurría nada.

portada de polvo-paella-paseo-priva-Enrique Garrido Ediciones LacreAl año siguiente, mayo, tras dejar el coche en el taller para la revisión anual, esperando el autobús, me tropecé con dos quinceañeras en la parada: ajenas a mi presencia, preparaban un plan diabólico para que una de ellas lograra ligarse a cierto chico en una fiesta de fin de semana. Y como no escatimaban en tretas y ardides, servidor empezó a carburar lo que sería el germen de su primera micronovela. Tres meses después, una noche de julio, tras el telediario, mientras comía, servidor se tragó 20 minutos de anuncios que ofrecían todo tipo de cremas, geles y mejunjes para dejar perfecta y en estado de revista hasta la más recóndita parte de la geografía femenina. Con “el culto al cuerpo” y el “fabuloso mundo de la cremística”, este autor ya disponía de marco y contexto donde desarrollar “De Princesas y Hadas”. Tardaría dos meses en escribirla. Me tuve que documentar a fondo leyendo montón de revistas y me costó Dios y ayuda meterme en la cabeza de una adolescente lanzada y confusa, pues la forma elegida para esta primera micronovela era la del diario personal. Al acabarla me sentí en las nubes… de la Felicidad, plenamente convencido de que si habría logrado la hazaña de pensar, sentir y actuar como una quinceañera, podría con cualquier cosa. ¡Iluso!

Ese mismo año se me ocurrieron “Kafka en la Costa” y “Elogio de la Cigarra”. Con tres micronovelas ambientadas en la Costa, me cercioré de que había libro, que debía pararme y pensar cómo lo estructuraba y qué tipo de historias debía escribir para completarlo. Analicé, pues, los elementos comunes de lo escrito y me di cuenta de que cada micronovela tenía como protagonista a un grupo de edad, la acción transcurría en un mes determinado y cada una de ellas estaba escrita empleando un género diferente. Lo que las unificaba era el lugar –Cala Cana–, el tono –humorístico– y el tiempo –el actual pre-crisis–. Con esos mimbres, tardé dos años y medio en escribir las siete micronovelas. Durante los dos años siguientes, mientras escribía una novela negra, que espero publicar pronto, y varias micronovelas que van conformando otros libros, las fui corrigiendo. Luego, con la Crisis en pleno apogeo, el manuscrito encuadernado pasó dos años guardado en una estantería. Tan pronto como leí varias noticias que comentaban la recuperación del mercado editorial –mayo de 2016–, empecé a mandar esta colección de micronovelas y la novela negra a las editoriales que, ojeando sus catálogos en internet, publicaban obras de humor y a autores inéditos.

En octubre recibí una propuesta de coedición por parte de ediciones Áltera/Lacre, ¡y me lancé a la aventura-y-abismo de publicar! He de agradecerles su trabajo y su mucha paciencia conmigo, ser dubitativo e inseguro donde los haya, y que no se lo ha puesto fácil, pues la colección presentaba formatos poco habituales y difíciles de maquetar. El objeto-libro ha quedado de lo más mono, coqueto, interesante… ¡y divertido! Y me siento lleno y feliz como una madre primeriza con su rorro en los brazos, pero sin saber muy bien qué hacer con él y acojonada por la responsabilidad de sacarlo adelante”.