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Sabes que siempre pedimos a nuestros autores que nos escriban curiosidades relacionadas con su obra. A Reynaldo Lugo, autor de Y conoceréis la verdad, le hemos pedido algo especial: que nos hable de la verdad. De la verdad y de la historia. Ni una ni otra son absolutas, sino… Mejor que te lo cuente él.

Así que te dejamos con él. Y empieza fuerte. Igual que su obra. Porque Y conoceréis la verdad no te dejará indiferente y sí te hará pensar. ¿Hasta dónde? Eso ya depende de ti…

“Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres

La historia es sólo una y a la vez sus infinitas versiones. Es algo que sucedió en un pasado, cercano o distante. Y es sólo el punto de vista de quien la narra. No existe hecho alguno —aún los intrascendentes— cuyos protagonistas puedan relatar como una realidad única en todos sus pormenores; lo que deviene en múltiples versiones de un mismo acontecimiento. Así es la historia de imprecisa y así es como la conocemos: vadeando infinitas adaptaciones.

La historia no trasciende más allá de las informaciones que sobreviven al paso inexorable del tiempo, ya sea grabadas en paredes de cavernas o publicadas por la prensa; que, como prensa al fin, no logra rebasar un interés informativo de presente.

Y

Conocer la verdad, cualquier verdad, más allá de sus causas y consecuencias, podría estar en manos de los arqueólogos de la novela histórica, quienes poseen la capacidad de empalmar los hechos objetivos de lo acaecido y añadir a éstos un par de elementos esenciales: el pensamiento y la subjetividad que reproducen sus protagonistas en una recreación de puzle, donde cada cual encaja donde tiene que encajar.

La novela histórica, siempre que se cueza con una selección de ingredientes reales, puede alcanzar esa categoría; pero, cualquier intento por novelar, en el sentido de imaginar los sucesos y acomodarlos a un guión preestablecido, quedaría por debajo de ese rango especial que le concede al género la virtud de crear ficción con la realidad misma, sin pasar gato por liebre con historias forjadas más con la imaginación que con la verdad.

Las verdades nacidas y desarrolladas por medio de un argumento narrativo, lo que no deja de ser una variante enriquecida de la investigación, suelen dar en el clavo; porque, a fin de cuentas, cualquier novela histórica es un buen recurso para difundir algo causado y protagonizado por personas que vivieron alguna circunstancia que vale la pena recordar; no sólo por el simple placer de la lectura sino también para comprender qué hemos sido, qué somos y qué podríamos llegar a ser de conocer aquellas ocultas verdades heredadas”.

Reynaldo Lugo