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Hace unas semanas te presentamos Arder en la memoria, novela de Pepa Serrano Valverde en la que cuenta la vida de Beatriz y Rosario, separadas por cuatro siglos. Vidas paralelas, se podría decir. Una novela que está consiguiendo una gran aceptación entre los lectores. Ahora le hemos pedido que nos cuente un poco más sobre el proceso creativo de dicha novela. Sus recuerdos y evocaciones son tan interesantes la novela en sí 😉

Por eso dejamos a Pepa Serrano Valverde para que sea ella quien te cuente cómo fue el proceso de escritura de Arder en la memoria:

“Esta historia nació en las tardes interminables de los veranos en el pueblo de mis padres. Allí se formó, entre la tierra roja de las viñas, las piedras de las fachadas y los chistes de Quevedo que me contaba mi primo.

Portada Arder en la Memoria Pepa Serrano ValverdeSin embargo, no la escribí hasta muchos años después y fue la tercera de mis novelas. Como las otras, solo puse el tiempo y las ganas; la historia fluyó y siguió por su cuenta, enredando las tramas, la que sucede en la actualidad y la del siglo XVII. Beatriz, Rosario y el resto de los personajes me fueron llevando por sus vidas hasta componer el libro que se ha publicado.

No sé lo que les ocurrirá a otros escritores, pero en mi caso las historias siempre se independizan de mi voluntad casi desde el principio. Tengo claro el marco, lo que quiero escribir en líneas generales, pero los personajes tienen su propio carácter y, marcados por él, van pintando sus vidas. Yo aporto lo que puedo, me documento. Quizá es eso lo que más me gusta de escribir: aprender, conocer hechos y anécdotas de las épocas y lugares que enmarcan la trama de mis novelas. Pero las historias actuales (como la de Beatriz) también me atrapan.

Escribir es vivir otras vidas, tener unos hijos que se independizan casi en la primera página y a los que quieres, con los que sufres y ríes a medida que el libro va tomando forma. Y como los hijos, cada uno tiene su carácter, su personalidad. Y es esa personalidad la que tira de mí para que escriba cada renglón, para que desenrolle la madeja de posibilidades que se va convirtiendo, poco a poco, en su vida.

En el caso de Arder en la memoria, acabé envuelta en un proceso de la Inquisición; paseé por las calles de Infantes con Quevedo y Bartolomé Jiménez Patón; viví la caída en desgracia del poeta y, posteriormente, su muerte; sufrí con Beatriz por la vida que había elegido y ya no quería tener; eché de menos a sus hijos; hice nuevas amistades; y, sobre todo, disfruté de esas estupendas magdalenas. Como espero que disfrutes tú, lector, con las magdalenas y con mi novela.