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Jaime Aguilera se dio a conocer para el lector hace unos meses con una novela que llamó la atención: El criado que descubrió a Zervantes, en la que narraba cómo el criado de un bibliófilo extremeño descubría día tras día a Miguel de Cervantes. Ahora regresa con algo más mundano: una recopilación de sus mejores artículos en la prensa diaria. Y no tiene desperdicio.

Jaime Aguilera colabora con varios periódicos y semanarios en los que escribe de todo y de todos. Algunos de esos artículos han sido recogidos en una antología que ha decidido nombrar A pluma desnudaÉl mismo se encarga de explicar la naturaleza de dichos artículos:

“Los artículos recopilados en este libro han sido publicados en distintos sitios y formatos: en los semanarios de El Día o 7 Días Andalucía y, sobre todo, en el Diario Sur de Málaga. Todos ellos han tenido también reflejo en mi blog personal, que me ha permitido interactuar con los comentarios de mis lectores. De este último dialogo con los internautas destaco algunas curiosidades:

A pluma desnuda Jaime Aguilera Ediciones LacreEn primer lugar, el propio título. Quiere hacer alusión a la sensación que he tenido desde que empecé a colgar los artículos en la red. Me di cuenta con estupor cuando recibí en mi despacho oficial de la Delegación del Gobierno en Málaga a los vecinos de un puerto deportivo que protestaban por el ruido de la movida nocturna. Lo primero que me dijeron, a modo de saludo, es que sabían que estaba de su parte. Les pregunté cómo podían saberlo de antemano: me contestaron que habían leído mi artículo en el que increpaba a los que incordiaban con las palomitas de maíz en el cine. ¡Habían repasado todos los artículos publicados en mi blog antes de la cita!

Con este blog también me he sentido “gran hermano” al curiosear las palabras que se introducían en “Google” para terminar en mi artículo. Me llamó la atención que un antiguo compañero de colegio mayor introducía una y otra vez su propio nombre y apellidos para terminar leyendo un artículo mío donde le criticaba. Igualmente otra curiosa entrada de un anónimo lector (“José Tomás homosexual”) que llevaba a un artículo mío donde ensalzaba al torero de Galapagar.

Por último, reseñar como contrapunto que el prologuista de la obra, el insigne maestro don Manuel Alcántara, camino de los noventa, se niega a navegar por Internet. Cuando le dije que podía leer en la red cualquiera de sus artículos en el grupo Vocento, que con cualquier móvil era suficiente, me contestó que él había tocado techo con el maravilloso, prodigioso y nunca suficiente nombrado invento del fax: qué maravilla introducir su folio grabado a fuego por la Olivetti y que saliera al instante por un terminal de la redacción”.