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La mina, de José María García Jericó está empezando a causar sensación. Por la historia, por el trasfondo humano que encierra… Por eso le hemos pedido al autor que vaya más lejos, que nos permita hablar directamente con su alma, algo a lo que pocos escritores acceden. Él lo ha hecho para ti. El resultado es, sencillamente… Sólo leyéndolo lo entenderás.

Desde hace un par de semanas te venimos hablando de La mina, una historia escrita por José María García Jericó con una carga sentimental profunda. Por eso, animados por la historia, le pedimos que nos relatara algunas anécdotas relacionadas con el proceso de escritura de la novela, recuerdos que le asaltaron durante el mismo, etcétera. Éste es el resultado:

“Hace unos cuatro años, mi doctora de familia, al notar mi voz bastante afectada, me mando al otorrinolaringólogo. No le concedí ninguna importancia, me pareció algo normal. En una primera consulta me dijeron que posiblemente mi afonía se debiera a algún problema en las cuerdas vocales, y que a lo mejor habría que hacer un pequeño raspado, pero sin concederle mayor importancia. De cualquier forma, y para asegurarse, me mandó hacer un TAC. Al cabo de una semana me dijo que no había ningún problema.

-¡Fenomenal!, le dije.

Al cabo de un mes la afonía fue en aumento y empecé a notar ciertas molestias en la garganta, con pequeños reflejos de dolor en el oído, sobre todo, en postura horizontal por la noche, en la cama. Tomé la decisión de volver a María, mi doctora de familia. Le expliqué mis molestias y me envió a la unidad de Otorrinolaringología del Hospital Materno de A Coruña, cuyos profesionales le ofrecían mucha credibilidad.

En el hospital fui atendido por el doctor Parente, que me hizo una inspección con una cámara que me introdujo por un orificio de la nariz y bajó hasta la garganta. Lo que vio no le satisfizo; al contrario. Me mandó un TAC urgente, y a la semana siguiente me sentó en su despacho y me dijo:

-Mire José María -en aquella época nos tratábamos de usted. Ahora somos amigos.-, tiene una lesión en la glotis y posiblemente tengamos que utilizar un remedio quirúrgico.

-Pero,  ¿qué tipo de lesión, cáncer?

Se me quedó mirando fijamente y respondió:

-Ya que veo que no le asusta la palabra… Sí, creo que tiene un cáncer .

Aquella noticia me dejó helado; era la consecuencia de fumar tres paquetes diarios de cigarrillos.

Sufrí un catarsis tan intensa que me cambio no sólo la vida, sino mi forma de pensar, de ver la vida y, sobre todo, de establecer prioridades. No sabía que pasaría ni qué consecuencias me traería.

Tras una semana sin parar de dar vueltas a la cabeza y de repasar toda mi vida, por cierto con numerosos errores, tomé la decisión de retomar un sueño que tenía desde hacía muchos años: escribir. No sabía cómo empezar, tenía que vencer el miedo de ponerme ante un folio en blanco. Eso me haría olvidar aunque solo fuera a ratos mi enfermedad, y pensé que sería una buena terapia.

Empecé a escribir una novela policíaca –Sueño Homicida-, conseguí terminarla y la publique en Amazon. Y pensé en escribir otra historia. Yo siempre había admirado el espíritu de superación de mi padre, que por cierto hacia un año que había muerto, y sentía como si algo me faltase -la catarsis empezaba a hacer su efecto- . Comencé a repasar su vida, a documentarme sobre la época, a recodar lo que me contaba y lo que yo sabía por mi madre, y empecé a rendirle un homenaje en forma de libro. La historia salía sola, me obsesionaba, no podía dejar de documentarme y de escribir, me salía de muy adentro, del alma; era como si mi padre me la estuviera dictando. Tal es así, que mientras escribía mantenía conversaciones imaginarias con mi padre -como siempre, valoramos a las personas y nos damos cuenta del amor que les tenemos cuando nos faltan-.

Cinco operaciones, ocho sesiones de quimioterapia, treinta y seis sesiones de radioterapia y dos traqueotomías después, La Mina, que así se llama el relato, estaba acabado y yo sentí una enorme liberación. De paso reviví mi infancia y adolescencia, y ahora pienso en continuar el relato donde lo deje, en 1951, y con la protagonista que lo cuenta, mi madre.

La Mina acaba de ver la luz publicada por el Sello Lacre de Ediciones Altera, y cuando lo tengo entre mis manos siento un nudo en la garganta y se me humedecen los ojos. Me acuerdo de tantas cosas…”.

La mina José María García Jericó Ediciones Lacre