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Hay novelas que cuentan una historia, otras que cuentan cómo vivían unos personajes, y otras entran de lleno dentro de esos personajes para mostrárnoslos tal y como son. Itineraria, de Juan Manuel Sánchez Valderrama, describe cómo era la vida en la Antigua Roma, cómo se desempeñaban determinados oficios, y nos presenta a personajes con sus riquezas y miserias. Una novela que no deberías perderte. Y para presentártela mejor, he aquí estas Curiosidades Lacre.

Quién mejor que el autor de una novela para contarte cómo la concibió, qué material manejó, en qué documentación se basó, cómo concibió a los personajes que por ella desfilan. Lo que hizo Juan Manuel Sánchez Valderrama. Y te lo cuenta así:

“La novela se dispone en dos partes muy diferenciadas. La primera parte cuenta un viaje, un viaje físico, pero también un viaje emocional. El protagonista, con catorce años, no ha salido nunca de su entorno, y de improviso, sin avisar, se ve lejos de todo, aislado, solo, sin más sostén que su deseo de vivir.

Itineraria Juan Manuel Sánchez Valderrama Ediciones LacreEl título Itineraria se puede traducir del latín como “los caminos”, en referencia al hecho de que la vida nos hace transitar por lugares insospechados. El inexorable paso a la vida adulta, junto con la formación como profesional de la topografía, mensor, sirve para elaborar un cuadro en el que paralelamente se desarrolla el afán del protagonista por prosperar, por conocer, a la vez que permite entender los entresijos técnicos con los que, en la antigua Roma, se pudieron llevar a cabo obras colosales que requirieron de profesionales altamente cualificados para su trazado y replanteo, para su diseño y ejecución.

El aprendizaje de la profesión, partiendo de cero, ayuda al profano a intuir el proceso, las dificultades y los resultados que, con los medios disponibles, hicieron posible un desarrollo técnico que todavía hoy nos deja sin aliento. Hay que tener en cuenta que el desarrollo de grandes urbes no es concebible sin agua. Ello implica que, en paralelo al crecimiento urbano, es necesario dotar a la ciudad de las infraestructuras hidráulicas que proveerían de agua a sus habitantes.

La segunda parte, tras cinco años de trabajo en la lejana Mauritania Tingitana, en concreto en Tamuda (actual Tetuán en Marruecos), nuestro protagonista regresa a Roma. Ha dejado atrás la adolescencia, y ahora se nos presenta como un joven más maduro de lo que correspondería a sus diecinueve años. Debe enfrentarse a la vida, y lo hace trabajando de lo que sabe; demostrando que, a pesar su edad, su formación es sólida.

El trabajo que le encargan permite introducir, por un lado, la descripción de los acueductos que servían a la ciudad, y por otro, a Sexto Julio Frontino, curator (responsable del mantenimiento) de las aguas de Roma y autor del único libro que nos ha llegado sobre el suministro urbano a la ciudad: Los acueductos de Roma. Frontino es, por tanto, un personaje histórico que, en su libro, nos muestra con detalle el funcionamiento de la red hidráulica de la ciudad a la vez que nos habla de los fraudes que los fontaneros cometían en la red. Esto último da pie a la intriga en la que se ve involucrado el protagonista, de la que no saldrá muy bien parado. Demostrando con ello que, aunque cree estar en el mundo, el mundo realmente lo supera”.

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