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El gladiador está acostumbrado a luchar, y se deja las fuerzas en cada combate para conservar la vida… En caso de que la mantenga. No fue un gladiador, tal y como lo conocemos, pero sí se dejó las fuerzas para llevar a este país a la democracia. Y supo a que sabía la soledad. Por eso Carlos Asorey Brey no ha dudado en hacer a Adolfo Suarez protagonista de su nueva novela, La Soledad del gladiador.

¿Te imaginas a Adolfo Suarez saliendo a la arena cual gladiador de la Antigua Roma, dispuesto a luchar contra quien se le ponga por delante? Sudor, arena, un público sediento de sangre y que sólo acepta su victoria si lucha con bravura, o le condenará a la muerte si es cobarde. Es la dura realidad a la que se enfrenta el gladiador, y lo tiene que hacer con bravura y sin más esperanza que mantenerse con vida para volver a ver amanecer el día siguiente.

La soledad del gladiador Carlos Asorey Brey Sello Lacre¿Fue Adolfo Suárez un gladiador? Un joven abulense de clase media, pocos recursos económicos, con un expediente académico no muy allá y sin padrinos para salir adelante. Y lo consiguió. Ser Presidente del Gobierno, y también cambió la manera de ver la vida de todo un país sin más apoyo que el de su mujer y amor de toda la vida, Amparo; transformó una oscura dictadura en un estado moderno, democrático y descentralizado con el único apoyo del Rey y de un puñado de fieles; y acabó traicionado y denigrado por una gran mayoría de políticos y ciudadanos, mientras la sombra de golpismo se hacía más y más alargada

Vicisitudes que impulsaron al gladiador a regresar a sus cuarteles de invierno y a guardar silencio. Un silencio que, al final de los finales, le impidió escuchar el clamor con el que aquellos políticos y la ciudadanía le honraron por la obra conseguida. Tarde para el gladiador, que hizo del silencio su compañero para el último viaje.

Carlos Asorey Brey es director, guionista de cine, novelista y poeta. Entre su amplia y variada obra, a destacar el telefilme Adolfo Suárez, el Presidente, que le permitió acercarse a una figura a la que, finalmente, ha dedicado la novela La soledad del gladiador.