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¿Qué darías por ser el guardián del sepulcro? Pero no un sepulcro cualquiera; el de Yehosua -o Yeshúa-. Tengas o no fervor religioso, seas creyente o no, sería toda una experiencia, ¿verdad? Y ese privilegio/cometido recae en Petronius, un hombre forjado para ser parte de la élite militar romana. Sin saber que el destino le tiene preparado otro camino muy distinto al que había imaginado.

El guardián del sepulcro Rafael Diaz Sello LacrePetronius estaba predestinado. Como miembro de la élite militar romana, su recorrido vital transcurriría entre tierras ignotas y otras conocidas, de confín a confín del Imperio Romano, para someter a pueblos bárbaros, vigilar fronteras, o para preservar una paz conseguida a fuerza de sangre y espada. Pero una serie de intrigas que están a punto de costarle la vida lo llevan hasta la tierra de Judea. Una tierra nueva, distinta, donde traba contacto con una comunidad cuyas ideas, en un comienzo, le resultan extrañas; y que, después, despiertan su curiosidad. Tanto como la persona que las inspira y sirve de guía a dicha comunidad: Yehoshua.

La vida de Petronius sufre un cambio al ser testigo de un hecho prodigioso: la resurrección de Yehoshua. Su forma de ver la vida cambia, y toda su arquitectura mental se derrumba. Y eso también cambia la manera de relacionarse con la élite del gobierno de Judea y de Roma. Transformación que se plasma en el enfrentamiento con un antiguo conocido, César Augusto Germánico, un tipo tan peligroso como vengativo. Petronius tiene claro que otra forma de ver la vida, de vivirla, es posible, y a ello dedica todas sus energías. La nueva comunidad, las ideas de Yehoshua, tienen que seguir adelante y extenderse por todo el imperio. Por mucho que César Augusto Germánico regrese Roma para convertirse en emperador. Un emperador que pasará a la historia con el nombre de Calígula.

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