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¿Dónde crees que se encuentra el lugar más cercano al infierno? Puede ser cualquiera y estar muy cerca de ti. Andrés Fernando Saumeth encontró unos cuantos, y los unió todos en una novela que destina adrenalina. Su formación cinematográfica se atisba desde la primera línea, y eso le permitió escribir un relato tan adictivo como apasionante. Lo que viene ahora es el cómo ese relato fue ganando fuerza día tras día. Él mismo te cuenta las entrañas de En el lugar más cercano al infierno.

De los mayores reveses que pudieron, verdaderamente, sorprenderme fue haber concebido la trama principal de En el lugar más cercano al infierno como un proyecto cinematográfico. Ésa es mi formación y sólo pensaba en la pantalla grande, en el cine, como la única salida de cada una de mis relatos. Sangre con sangre se paga –éste fue el primer nombre que salió de mi mente a los pocos meses de arrancar el proyecto- comenzó como una historia para un guion cinematográfico, que luego competiría en los talleres y convocatorias de guiones alrededor del mundo, pero que nunca llegó a ser.

Portada en el lugar más cercano al infierno Andrés Fernando Saumeth Sello LacreDe esta manera me embarque en un proceso de investigación que duraría casi doce meses. No sabía realmente lo que buscaba, pero sí lo que quería narrar: una cruda reflexión sobre las vidas cotidianas de una región olvidada por muchos años. Sin cuestionario alguno, sólo con una pequeña libreta dentro de mi bolso, donde iba anotando muy juicioso, comencé indagando, con mis familiares más cercanos, acerca de algún hecho en particular que les hubiera marcado radicalmente la vida: la muerte de un hijo primogénito, la llegada de la iglesia a la región, los desplazamientos forzados sufridos, las revueltas, elecciones presidenciales engañosas, y muchos otros relatos que me llenaron de ilusión, también de un poco de remordimiento. Este proyecto, por mucho que quisiera, no era una historia que se podía adaptar a 90-120 minutos en la pantalla grande. Era demasiada información recolectada en tres pequeñas libretas y demasiadas ramificaciones que no se terminaban de amalgamar entre sí. Del mismo modo, había adquirido una responsabilidad mayor con cada uno de mis relatores, que, con el paso del tiempo, fueron expandiéndose más allá de mi familia. Cada uno, con una forma exclusiva de contar pedazos de sus largas y desgarradoras vidas, me llevaron a encontrar en la literatura un modo más propio de llevar a la ficción sus anécdotas, también de agradecerles por la confianza depositada en mí.

Asimismo, el contexto histórico fue muy relevante para la novela. Muchas de estas anécdotas se desarrollaban en los periodos que comprendía desde 1967 y 1975, época en la que mis entrevistados acababan de alcanzar su segunda década de vida. Igualmente, este periodo acertaba fechas muy importantes para Colombia; los cambios que se venían dando, tanto social como políticamente, fueron de vital importancia para la formación de la Colombia del siglo XXI; severos cuestionamientos al frente nacional, revueltas de estudiantes para la búsqueda de una mejor educación y el levantamiento de nuevos grupos armados establecerían el mejor escenario para contar y narrar la historia de algunos pocos que han sido olvidados con el paso de los años.