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Los nietos del exilio es el desgarro de un alma. De cada uno de sus personajes, pero también de la de su autora, Samaria Márquez Jaramillo, que ha buceado en la historia de cuatro generaciones para trazar un cuadro asfixiante, pero también lleno de vida. Por eso hemos querido que te narrara cómo fue el proceso creativo de dicha novela. Si haces clic en el enlace que sigue, disfrutarás con el preámbulo de una novela llamada a perdura en el recuerdo.

“Movimientos feministas, ecológicos, religiosos, homosexuales, y otras protestas, cedieron su turno para que la Literatura cuestionara los modelos de representación previos a los 80s,  época en la que, según mi familia, “me puse a escribir con juicio”, coincidiendo con  la nueva novela  histórica, surgida  en un contexto de emancipación obstaculizada, y un anhelo de identidad.

Los nietos del exilio Samaria Márquez Jaramillo Lacre EdicionesEn Los nietos del exilio la aproximación al suceso histórico, para intimar, ficcionarlo y encajarlo en fechas verídicamente históricas, es un hecho deliberado. De ahí que resulte ingenuo e infantil querer que mi novela, ficción en su máxima concepción, posea cualidades de documento histórico. De acuerdo con pensadores actuales, es un contrasentido esperar que la imaginación sea una representación de la realidad, puesto que la propia realidad resulta ser una dimensión, aumentada, coloreada y escenificada, de la ficción.

Los representantes de las cuatro generaciones que se constituyeron en personajes de la novela histórica Los nietos del exilio, sin desgarramientos ni esfuerzos y, a pesar de que fueron transeúntes por una historia en la que exorcicé cualquier posibilidad de practicar una cuidadosa fabricación de personajes, ellos por la fuerza comunicativa, superaron el síndrome novelístico de verosimilitud y aparecen tan reales como lo pueden llegar a ser entre renglones. A Los nietos del exilio los parí para lograr, sin lazos rosas y sin patetismo, estrangular la hegemonía del relato histórico romántico, ya en declive, y hacer gala de un -derramado por todas las páginas- “¡a mí que me importa!”.

En cuanto a lo personal yo, Samaria Márquez Jaramillo, pensaba que la humanidad toda era buena, bueno el mundo y color de rosa el horizonte.  Luego entré en sospechas y empecé a mal juzgar, con un resultado, entre otros muchos, que me hace estar segura de que sólo me importa poder escribir y que me lean.

Creía que en mi pasado reciente habitaban demasiados malos ratos. Durante ellos me dejé robar los sueños y dejé de escribir ficción para iniciar múltiples memoriales de fracasos, adosados a lamentos lastimeros, hasta que un día descubrí que había eliminado de mi vida el hilo que me permitía ser cometa volando en las alturas, mecida por buen viento, y salté a construir lo que será mi memoria estilo siglo XXI. Fue entonces cuando comprobé, regocijada, que continuaba siendo una niña a la que la vida hirió en el alma pero no en sus sentimientos. Fue, entonces, cuando empecé a desbrujar rencores”.