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Cuando pedimos a los autores que nos cuenten cómo fue el proceso de creación de sus obras, casi siempre hablan de situaciones, de cómo surgió tal o cual personaje, de curiosidades que aparecieron durante el proceso de escritura… Salvo Francisco Alarcón, que ha decidido contar cómo nació El barrio de los sueños rotos y las peripecias hasta ver publicada su primera obra. No te lo pierdas porque no tiene desperdicio.

“Ahora que El barrio de los sueños rotos es una realidad tangible es el momento de recordar cómo empezó. Empezó siendo un relato pequeño, de tres páginas. Yo estaba en una web de escritores, y cada uno hacía un relato sobre un tema cada semana. Después los comentábamos. Alguien sugirió hacer un relato donde salieran un cura, una prostituta, un policía y un retrato de Maquiavelo. Así se me ocurrió una historia e hice el relato. Uno que me encantó -serían las tres primeras páginas de la novela-, y por eso continué la historia. No me resultó difícil: los personajes tenían fuerza propia y ellos mismos me iban diciendo su camino, pidiendo hacía dónde querían dirigirse o cómo iban a reaccionar.

El barrio de los sueños rotos Francisco Alarcón Lacre EdicionesPoco a poco se fue complicando la trama, personajes secundarios fueron ganando protagonismo hasta llegar al final de la historia. Una vez acabada, la miré orgulloso. ¡No estaba nada mal! Era una buena historia, por eso decidí enviarla.  ¿Por qué no? Me pareció que tenía posibilidades y por probar no perdemos nada. Ya casi me había olvidado cuando tiempo más tarde recibí un email en el que me decían: “Dada la calidad de la novela, hemos decidido publicarla”.

Ahí empezó un proceso hasta entonces desconocido para mí: la edición. “Necesitamos que nos envíe los agradecimientos, una sinopsis para la contraportada, una pequeña biografía y una foto para la solapa. ¡Ostras! No me costó mucho decidir a quién agradecer el libro y la sinopsis tampoco fue difícil. Pero odio describirme: Siempre he pensado que deben ser otros los que lo hagan pues tenemos una visión subjetiva de nosotros mismos. Después vino la portada y otras tareas más tediosas como la maquetación. Todo un largo proceso hasta llegar al día de hoy en el que ya es una realidad.

Ahora que la tengo en mis manos siento un repelús. Cuando la escribí no pensaba en verla publicada ¿Quizás debería haber usado un lenguaje más políticamente correcto? Sin escenas de sexo y sin muchos detalles “morbosos”. Sé que no: decidí que el narrador debía ser el camello. A fin de cuentas, hay cientos de novelas en el que el protagonista es un policía. Yo preferí meterme en la piel del camello, esa persona a la que la vida lo ha llevado a vivir por el margen de la ley y para eso debía tener esos detalles.

El problema: convencer a mis hijos de que no lean la novela que ha escrito su padre”.